Blog EnQuarentena

Sobre el silencio en el blog

Cada vez estoy más convencido de la importancia comunicativa del silencio. En ocasiones, no hablar es la manera más elocuente de decir algo. Por otra parte, con el paso del tiempo voy apreciando cada vez más el valor de la escucha, de la reflexión... y para escuchar y procesar las cosas es imprescindible dejar hablar y guardar silencio.
Por otra parte, en los últimos 18 meses he dedicado una enorme cantidad de tiempo y energía a emprender y construir. Hablar es fácil, igual que opinar sobre cómo deberían ser las cosas. Intentar transformarlas, crear estructuras alternativas... Eso es mucho más costoso. Intentar construir me ha hecho valorar enormemente las instituciones que ya existen y a las personas que trabajan en ellas. Conocía la resistencia al cambio en grandes organizaciones, ahora la he experimentado en mi propia piel también cuando esas organizaciones nacen. El coste de "hacer", la inercia de la sociedad y de las organizaciones, las limitaciones humanas... Todas ellas son poderosas tentaciones para acomodarse y renunciar al cambio, concepto que preside este blog desde sus comienzos. El silencio de estos meses un reflejo de esa lucha interior, de la batalla que han mantenido en mí el idealismo transformador contra el cinismo pragmático. Cada día intento ponderar mi idealismo siendo más pragmático, a la espera que eso me convierta en un agente transformador y no en un cínico observador.

Sobre el emprendimiento y el fracaso

Con mayor o menor fortuna me he lanzado a la aventura de asumir los riesgos laborales y económicos en primera persona. Le debo gran parte del empuje necesario para dar este primer paso a Jordi Fernández, que es quien me obligó a escribir mi primer contrato laboral en una servilleta, que tengo desde entonces en mi nevera. A Simón Pérez Pujadas, le debo haberme ayudado a derribar los primeros muros mentales y burocráticos. Lo cierto es que, aunque pasé bastante tiempo preparando este salto, nunca he sabido a ciencia cierta qué quería hacer exactamente. De hecho, lo único que he tenido claro todo este tiempo es qué no quería hacer y, para saber si quería hacerlo o no, sólo he encontrado un camino: intentar hacerlo. Intenté continuar en Elogia como consultor en el ámbito de los medios sociales, con una oferta extraordinaria que me hizo Rubén Ferreiro, al que públicamente agradezco su apuesta por mí, bajo la dirección de una persona de trato ejemplar y no poco talento, como es Rubén Bastón. Intenté colaborar como un nodo más de la extraordinaria red de María Jesús Salido. Intenté abordar las tecnologías sociales junto con Ángel Márquez y Luis Folgoso en un proyecto estupendo, que tuve que interrumpir prematuramente en parte por motivos de salud. Si ellos no me hubieran dado una oportunidad, nunca habría sabido que eso no era lo que quería hacer (al menos de momento), así que les estoy profundamente agradecido, a la vez que apenado por no haber cumplido con sus expectativas. Ha habido otras cosas que me han ido bastante bien y que ya explicaré en otro momento. En este punto quería dedicar unas líneas especialmente a aquellos a los que su apuesta por mí no les salió todo lo bien que esperaban.

Sobre la enfermedad

La pasada primavera no fue especialmente buena para mí. Practicamente desde que tengo uso de razón, mi vida está presidida por una alteración del mecanismo de lucha-huída de mi cerebro. Es la funcionalidad que nos lleva a experimentar miedo ante el peligro y a decidir afrontarlo mediante la lucha o la huída y que se alberga en la parte más reptiliana de nuestra mente. De esta enfermedad se conoce muy poco, aunque la padece el 2% de la población mundial. Es lo que comunmente se denomina Transtorno de Ansiedad Generalizada. Siempre he abrigado la creencia de que no se trataba de una disfunción de origen físico, sino simplemente de una inmadurez mental que aprendería a superar con el tiempo y sin la ayuda de ninguna medicación. Mi situación era tan estable que hasta los médicos creyeron en esta posibilidad y suspendieron progresivamente el tratamiento. Mi recaída fue bastante grave, tanto que llegué a pensar que esta vez no me recuperaría. Pero aquí estoy. Una vez más, tenía que intentarlo. Gracias a los que soportaron las consecuencias.

Sobre Itnig

Si no contamos a mis familiares y a Adriana Freixa (que se merece un post para ella sola), la única persona que perturbó mi forzosa reclusión fue Bernat Farrero. Bernat es el fundador de Itnig y el CEO de Camaloon. Tiempo atrás me había ofrecido la posibilidad de asesorar a esta última empresa a cambio de una cesión de participación. Persona decidida y tenaz, insistió en venir a verme hasta que accedí. Aparentemente, una simple visita de cortesía. En realidad, un acto de valentía al querer conocer de primera mano qué me pasaba y un acto de fe en que, a pesar de todo e incluso en esa situación, seguía siendo alquien con quien contar. La enfermedad me dio tiempo para pensar el siguiente paso. De todas las iniciativas que había conocido, la que más me ilusionaba era Itnig/Camaloon por una sencilla razón: la tecnología. La construcción de nuevas estructuras empresariales y sociales se cimenta, hoy más que nunca, en el talento tecnológico. He pasado los últimos tres meses colaborando diariamente con Itnig y Camaloon, intentando demostrar en qué ámbitos puedo ser de utilidad. Tras estos meses ha habido tanta unanimidad en el valor de mi aportación al proyecto como incógnita en cómo nombrar ese rol que había desempeñado. Finalmente, mis ya compañeros de board y yo mismo hemos decidido poner mi trabajo diario bajo la etiqueta de Chief Strategy Officer. En la práctica me ocuparé de los aspectos relacionados con el Business Analysis, Marketing Intelligence, Talent Recruitment, Knowledge Management y Training, en una empresa que hoy todavía es demasiado pequeña como para tener personas ocupadas exclusivamente de cada una de estas disciplinas. Para mí es una oportunidad excelente que agradezco a Bernat, Roger, Jordi i Albert (socios de Itnig). Ahora me toca seguir construyendo, pero esta vez formando parte de un equipo con un gran talento tecnológico. Si no me da tiempo a escribir mucho en los próximos meses es porque, una vez más, estoy muy ocupado intentándolo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Francesc!
Muy buena historia de superación.
Siempre a mejor.

Francesc Gómez Morales dijo...

Gracias!! :)

Bernat Farrero dijo...

Francesc, como ya te he comentado, para mi es un honor y un placer compartir este viaje contigo.

Dubroc dijo...

Eres una persona digna de admiración y ejemplo tanto en tú vertiente laboral, como en la superación y lucha diaria con tú realidad personal.

Para mi, desde hace un tiempo, un referente en lo que se puede llegar a conseguir con el esfuerzo diario.

Francesc Gomez-Morales dijo...

David, Bernat. Muchas gracias por vuestros comentarios. Será divertido ver a dónde llegamos los próximos dos años.

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