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No crisis, sino cambio de paradigma económico

Los últimos estudios cifran el paro de España en un 15.5%, el doble que la media europea. Habrá que ver en qué quedan las profecías del ministro Corbacho que aseguró por activa y por pasiva que era imposible que llegáramos a los 4.000.000 de parados en España. La verdad es que la situación es dramática y cuando uno siente que la guadaña pasa cerca se le hiela la sangre.
En este cambio de paradigma económico (la palabra crisis se quedó corta hace tiempo) se producirá necesariamente una transformación del mercado laboral. Hoy mismo, el exministro Piqué, ahora presidente de Vueling, aseguraba que la solución a la crisis pasa por la destrucción masiva de puestos de empleo: no hay escapatoria, hay que cortar por lo sano, el vendaval económico se llevará por delante el empleo más titubeante en una dramática reedición capitalista de la selección natural.
Lo peor es que mi análisis me lleva a darle la razón a Piqué. El cambio de paradigma implicará una filosofía diferente en el trabajo. La formación permanente pasará de ser deseable a ser una necesidad. La capacitación profesional dejará de ser un mérito para ser un requisito y la movilidad y flexibilidad se exigirán casi como el certificado de graduado escolar. Además, asistiremos al incremento de la exclusión social: los obreros no cualificados, sin estudios y sin capacitación ténica se irán quedando gradualmente al margen de la sociedad, tal como sucede en Londres o París desde hace más de veinte años. Mi consejo para el trabajador, que me lo aplico a mí mismo cada mañana, se resume en tres puntos: formación, flexibilidad y movilidad.
No obstante, si alguien se piensa que esta crisis la va a pagar solamente la clase obrera se equivoca. Una fuerza laboral más formada, más flexible y más movible será un tremendo problema para las empresas anquilosadas en el verticalismo, el control y la falta de trasparencia. Unos trabajadores capacitados no dudarán en cambiar de trabajo si no encuentran una respuesta empresarial adecuada a sus esfuerzos y sacrificios. Se acabó tener una masa de trabajadores que agachen la cabeza al ordeno y mando. Se prepara un ejército de trabajadores que demandarán criterios claros en la promoción y remuneración, transparencia en la estrategia empresarial y una participación activa en el proceso de toma de decisiones. El relevo generacional, con la entrada en la madurez de la Generación Y, obligará a cambios en la cultura empresarial. Las empresas que no se adapten no retendrán el talento de los nacidos en los ochenta y tendrán un "gap generacional" que los conducirá a su extinción. Así que también la "limpieza" de trabajadores traerá una "limpieza" de empresas. No íbamos a pagar toda la crisis los mismos ¿no? Y precisamente este punto es el que más me motiva a seguir adelante. Caeremos muchos trabajadores, pero los directivos más jerárquicos y menos empáticos y las empresas más autárticas y menos trasparentes se caerán con nosotros. Seguro.
Y para que no sea todo tan profético y trascendental, os pongo un anunció de Toyota en el 2006 en el que se pronosticó sin saberlo una posible solución a los problemas de paro con los que nos enfrentamos.

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